Jean Grangeot – crítico de arte

Yo lo digo bien claro  : Raúl Agrán no puede, con toda objetividad, que ser solo comparado a Raúl Agrán, es decir que su pintura es la exteriorización del hombre él mismo.(…)


De toda su obra surge una fuerza inmensa, libre, impuesta. (…)

Un artista de combate, grande y naif al mismo tiempo, del cual no podemos
restar insensibles.

Daniel Faugeron – escritor

Agrán, es la conciencia entusiasta que la verdadera vida existe, que está acá, en la esencia de la lectura de los pueblos, del solo pueblo terrestre, viejo de miles de años. (…)

Armarse de la belleza, de la autenticidad, de la inteligencia, del amor , ahí está el trabajo de Raúl Agrán. (…)

¿ El arte de Raúl Agrán para hacer que  ? Precisamente para que la especie viva.
Con Agrán es el fin de los istmos  ;el fuerza al ser en sus barricadas gracias a su paso calmado, a su precisión y seguridad de creador  : es el poder de su materia,
Orfebre, terapéutico para el futuro  : es reasegurante.

Jean-Paul Bourre – escritor

Raúl Agrán es primero que nada guiado por lo Bello, como los pintores del Renacimiento de los cuales cada cuadro es una tentativa de sol.

Él se mantiene fuera de las modas y de los imperativos comerciales que
imponen «  de la novedad a cualquier precio  ». Para él, la novedad
es la calidad. (…)

Raúl Agrán es uno de esos artificieros – mágicos que hacen flamear la
Vida en sus altos colores, y la transforman en una colada de luz.

Denise Lachaud – psicoanalista

(…) Raúl Agrán no estetiza. Pone en escena. Otra escena que ocupa la totalidad
de la superficie pintada. Sin escala. Raúl Agrán pinta apasionadamente.
Su pasión. Su potencia convocada en un fragmento a veces wagneriano
de colores donde el dolor convoca al placer. Taumaturgo. Solo. (…)

Él no es un escarabajo etiquetado en su siglo. Él nunca ha estado en los
Pantanos donde ofrecen títulos, honores, glorias, rivalidades. Ël conoció el desamparo, quizá. Lo trágico. La miseria. La indigencia que el artista puro como el cristal tradujo en un formidable trabajo cuyo rigor enriquecía solo la incandescencia de su corazón.

El hombre, el artista, el pintor no pertenece a ningún circo. Así su obra sigue siendo ignorada. Él es lúcido. Orgulloso. Hombre de encuentro.. De vida natural.

—Fragmento de L’art mute

Henri Pemot – poeta y ensayista

(…) La pintura de Raúl Agrán refleja un dibujo de la vida bebiendo en las fuentes mismas de la belleza como para reencontrar la pureza, el absoluto, el perfecto
sin caer en el olvido naif del mundo palpable.

Quizás sea a partir de ese punto que el pintor nos invita a plantar el árbol de la plenitud. Una pintura de fuerte espiritualidad y de evidente misticismo.

Gaetano Marcellino – poeta

En las pinturas de Agrán, no hay complacencia formal ni de consolación estética. No hay etiquetas de la tradición visual : esa que ya conocemos o aquella que esperamos ver el mil y un ejemplo, cuando las funciones y las técnicas de la pintura devinieron instituciones del orden de cosas existentes. Esas pinturas no son de zonas de refugio sino que de zonas descubiertas, esas donde estamos verdaderamente. (…)

En esa lengua viva, común, en movimiento, Agrán articula sus pinturas donde algo nos interpela y hace irrupción, activando la vida. (…)

—Fragmento de À l’œil nu

Michel Berlemont – escritor

Cada creador persigue y completa las obras pasadas. Raúl Agrán tiene esta conciencia, él es el hijo natural de la revolución pictural del comienzo del siglo 20, él reivindica sus antepasados , del Caravaggio a Rubens, de la caligrafía árabe a las pinturas tradicionales de América Latina, donde él nació, del arte de la Edad Media a los dibujos que los primeros hombres habían osado fijar sobre las paredes de la tierra.

De hecho él es también insensible a la moda de los mercantes que no piensan que a sus puestos, que a las sirenas del poder que no piensan que a perpetuarse. Agrán rehúsa hacer trampa con su arte, él no está en el consensual complaciente. Por eso que su obra es fuerte, plena, dinámica. Es la vida misma en movimiento. (…)

Los artistas como Agrán toman la vida a brazos abiertos, se llenan, dejan entrar las cosas de todos los días, de trivialidades y rebeliones violentas, los amores y las desesperaciones. Los pintores de ese temperamento lo digieren, de todo el propio ser, de sus cuerpos, la realidad de la vida. Y, sobre la tela con sus pinceles y sus colores, llenan de luz el vacío de la melancolía que nos agrede.

Jean Dominique Rey – poeta y crítico de arte

Las obras son hijas de la soledad. Ellas no existen que de frente al obstáculo y gracias a la exploración permanente de los posibles, de los abismos o de los sueños. Aquí, ellas se enderezan, sueños rigurosos enfrentan lo desconocido
Arquitecturas estructuras para el imaginario, mutaciones derramadas
en el crisol de todos los posibles y desconfiando de todas las fronteras. (…)

Esta pintura, más que un comentario pero tanto como un poema pide ser entendida mirada.

Como una felicidad
Como una lucha
Como un placer

Caroline Swysen – autora y realizadora

El trabajo embrujado de Raúl Agrán – ¿su ansiedad  ? ¿sus fulguraciones  ? – ve nacer imágenes a veces monstruosas y de una poesía profundamente familiar. Es en ese gran paradoja que vive su obra, que ella se instila en nosotros y suelta una reacción, una especie de segunda cadena ADN, no más celular pero espiritual, que nos murmura nuestro origen y nuestra dirección en un espacio sin límites. Él nos propone una danza meditativa de Lascaux al año X . Depende de nosotros aceptarlo, de correr el riesgo, o no . (…)

Ese pintor es un inventor. El inventa la forma de eso que está prisionero en nosotros, imperceptible, más allá del lenguaje, del grito. Esa masa confusa que constituye nuestro núcleo el más arraigado e innominable. Ese entrelazamiento de sensaciones, de pensamientos, de un vacío fugaz o denso de vuelos frescos y luminosos, entusiastas. El da contornos a esos silencios repetidos que acompañan nuestras vidas, sombras muchas veces determinantes. (…)

La pintura de Raúl Agrán es al mismo tiempo sinopsis de la historia del arte y eco de esa época de fragmentación, de vértigos y de soledades. (…)

Nosotros estamos desde ahora lejos de un debate entre figuración y abstracción. Esta frontera parece inevitablemente pasada pues la historia se persigue y el hombre que pinta está en el corazón de esos sacudones.
En esta progresión, el trabajo de Raúl Agrán es y restará un eslabón esencial.

—Fragmento de La Structure du hasard